miércoles, 17 de marzo de 2010

Ana Pomares. Entrevista de Jorge Mangas para "Álbum de Alquimias"


Entrevista a la escritora Ana Pomares para "ÁLBUM DE ALQUIMIAS" de Jorge Mangas Peña:

1. Qué te impulsa a escribir. ¿Cuándo y por qué y cómo empezaste a escribir?
A escribir empecé con siete años. Ya antes me gustaba inventar historias y poesías. Siempre cuento como anécdota que tenía cuatro años cuando me inventé mi primera poesía. Claro que, entonces, no sabía escribir, por eso fue con siete cuando pude empezar a desarrollar eso que tanto me gustaba. Los inicios fueron extraños porque imaginaba más rápido que escribía y muchas veces me dejaba trozos sin plasmar, aunque yo creía que sí lo había hecho. Recuerdo que, en el primer cuento, que además lo hice en el colegio, escribí el principio y el final. Yo estaba segura de que todo el desarrollo también lo había escrito, pero cuál fue mi sorpresa cuando al llegar a casa y leérselo a mis padres, no tenía ni la mitad del cuento que yo había imaginado. Supongo que siempre me invadió ese afán por inventar, aunque en el fondo siempre me preocupó todo aquello que pasaba a mi alrededor. Es increíble cómo te puede absorber la imaginación, y tú quedas reducida a un personaje más de tus cuentos que observa y relata. Con ese primer cuento gané mi primer premio, cosa que me animó muchísimo. Continué escribiendo, pero siempre como un juego. Nunca me planteé dedicarme a esto. El hecho de presentarme a más concursos era para mí una parte más de esa intriga que lleva la literatura consigo misma. Escribía porque me divertía y me encontraba muy bien cuando lo hacía.

2. Qué quieres contar.
Desde que empecé, escribí historias que a mí me gustaban. Es decir, cogía un animal cualquiera, por ejemplo, y lo hacía ser mi personaje en una historia que a mí, como niña que era, me gustaba. Por eso digo que era como un juego. Pero después, con el tiempo, he visto que en mis cuentos había algo más que personajes y una historia. En ellos había hechos de fondo como la discriminación, los prejuicios, el hecho de sentirse solo, etc. En el momento en que yo escribía no era consciente de lo que estaba haciendo, pero con el tiempo lo he descubierto y ahora lo hago conscientemente. Siempre intento disfrazar la realidad, buscar un símil para plasmar una idea que por sí misma es cruel o injusta. En el tercer libro que publiqué, Los Wonwings, pasa precisamente eso. Los niños que lo leen se ríen con sus personajes y no entienden sus reacciones. Pero los adultos que lo leen saben que detrás de dos personajes simpáticos y cariñosos, hay una guerra, una situación de desamparo, la destrucción de un planeta por la pasividad de sus habitantes, etc. No obstante, en el último libro que publiqué, Porque eres mi amiga, decidí que era hora de crecer como escritora. Dejé de lado la fantasía y el disimulo, y plasmé dos hechos tan claros y puros, como son la anorexia y la inmigración. Desde luego tuve que avisar de que era un cambio brusco en la línea que llevaba, como un volantazo en una carretera recta.

3. Cómo quieres contar. ¿Lo consigues siempre?
Siempre intento ponerle sensibilidad al tema que trato, pero también algo de humor o situaciones simpáticas que te hagan olvidar por un instante la realidad de la historia. Supongo que, realmente, no hay historia de terror sin su lado sentimental, ni comedia sin su lado abrumador. Las poesías que he escrito, que no han sido muchas y están recogidas en los dos primeros libros de cuentos, normalmente han emocionado a la gente. En este último libro que he citado antes, la realidad era bien distinta. He dejado un poco de lado las escenas graciosas y me he centrado en desarrollar dos personajes tan distintos y problemáticos. Mucha gente me ha confesado que se ha emocionado con este libro, sobre todo con un capítulo en concreto, el número nueve creo. Incluso han hecho peticiones al blog del Grupo Leo (es un grupo de animación a la lectura en Alicante), en el que salió Porque eres mi amiga como libro del mes, para que publicaran ese capítulo. Retomando tu pregunta, sí, creo que consigo la respuesta que quiero o, al menos, la reacción que quiero.

4. Proceso creativo: ante el germen de la idea de una historia o poema, ¿permites que te crezca dentro y madure el tiempo que resulte necesario antes de verterla a papel o la viertes desde el primer indicio y permites que se desarrolle ya en el exterior y te arrastre?
Cuando una historia se me ocurre, o una escena o personaje aparece en mi mente, siento la obligación de escribirlo. Nunca dejo madurar las ideas antes de plasmarlas, sino que escribo el fragmento o describo el personaje y luego voy dándole forma. En muchas ocasiones, como tú dices, la historia me arrastra. Me ha pasado a veces que un personaje se ha metido en un lugar y luego he tenido que borrar la escena porque ya no le veía la solución, o han contestado algo que después he visto que iba a tener una consecuencias distintas a las que yo quería. Conforme voy escribiendo, los personajes se me van apareciendo tal y como son, es decir, se muestran con sus dificultades y sus virtudes, con sus defectos y con su lado positivo.

5. ¿Estudio, aprendizaje y perfeccionamiento de técnicas o espontaneidad y escritura «de oído»?
Siempre he dicho que el escritor nace y se hace, es decir, ha de formarse pero también ha de nacer teniendo imaginación. Tú puedes tener unas ideas brillantes y no saber plasmarlas exactamente como te gustaría, o tener una expresión y una escritura perfectas pero no tener ideas que plasmar. Por eso debe darse un poco de cada. En mi caso, como es lógico, primero fui escritora y luego aprendiz. Me explico. Al empezar a escribir con siete años, precisaba de mucha atención en cuanto a frases mal hechas o incorrecciones en la escritura. Las ideas las tenía, pero el medio de sacarlas a la luz me fallaba. Con el tiempo uno va adquiriendo conocimientos, tanto en el colegio o instituto, como en tus propias lecturas. Eso hace que tu vocabulario y tu expresión se desarrollen muchísimo. Es así como puedes llegar a escribir bien o, al menos, correctamente. Pero ante todo, necesitas esas ideas innatas en ti que, de vez en cuando, salen a la luz para dar paso a una nueva creación literaria.

6. ¿Cómo se puede reconocer la «pasión» en un texto? ¿Cómo se puede insuflar pasión a un texto en apariencia «frío o cerebral»? ¿Es necesaria la pasión? ¿Dónde están los límites?
En primer lugar hay que saber diferenciar entre amor y pasión. Amor a la escritura tenemos todos aquellos a los que nos gusta imaginar, relatar, plasmar y, a fin de cuentas, crear. Pero la pasión es más difícil de comprender y de ver. Creo que las descripciones, tanto humanas como paisajísticas, son donde más se puede verter y donde más se puede descubrir la pasión. El hecho de que te relaten cómo es determinada chica, su andar, su habla o la mueca de su rostro al sonreír, hace que tú, en ese momento, la estés viendo frente a ti hablando, caminando y sonriendo como su mueca característica. Ahí es donde reside la pasión literaria y es difícil de crear. No es como narrar un hecho o inventar una conversación. Tienes que ver a esa chica frente a ti, verla con todas sus características y saber exponerla, de tal modo, que cuando alguien lo lea sea capaz de imaginarla como tú quieres. En el libro "Camino de perfección" de Baroja, hay un capítulo que es una clara muestra de esta pasión. Durante todo el libro se muestra un personaje derrotado y pesimista, que no encuentra el por qué de la vida. Sin embargo, de repente, hay un cambio de tono que te hace sonreír cuando lo lees, que irradia luz y se convierte en algo ágil y vivo que se mueve por sí mismo. Ahí, evidentemente, hay pasión. La pasión es necesaria, claro, pero también hasta cierto punto. Es decir, puedes mostrar cómo un chico se ha quedado prendado de repente con la chica que antes he descrito y, entonces, es necesario utilizar la pasión de las palabras. Pero tampoco se puede mostrar todo con la misma pasión, porque, al final, los hechos que tú has querido recalcar se quedan reducidos a una parte más de la novela. Las palabras tienen una fuerza que nosotros desconocemos, y sólo cuando las aplicamos debidamente nos damos cuenta.

7. ¿Te obligas a no contar lo que quisieras contar (autocensura)? ¿Aceptas mordazas externas? ¿En qué circunstancias la autocensura (o la censura externa) puede ser necesaria? Hay quien asegura que bajo restricciones puede dar lo mejor de sí y que sin ellas se dispersa; hay quien afirma que las restricciones ahogan su creatividad…
Yo siempre escribo lo que quiero. Nunca me autocensuro porque opino que eso me ahoga y, tarde o temprano, voy a verme obligada a mostrarme tal y como soy. En cuanto a la "censura" externa, sí que la hay. Pero es lógico que, aquello que tú ves bien, puede que otro lo vea demasiado exagerado o poco adecuado para la situación. A veces hago caso a la crítica porque me doy cuenta que no sólo opina así una o dos personas, sino que muchos pueden malentenderme o molestarse. Pero normalmente no me gusta que me digan si algo sobra o falta, aunque a veces sea cierto. Para escribir debes estar tranquilo, relajado y pensando únicamente en lo que quieres poner, por eso no puedo sacar lo mejor de mí en esas ocasiones, porque lo que escribo molesta y así no se puede escribir.

8. ¿Diriges la obra a un lector o el hecho de que alguien pueda leer lo escrito es secundario? ¿Piensas en allanarle el camino al lector o el lector debe adaptarse a las posibles dificultades del texto?
En mi caso sí debo pensar siempre en quién lo va a leer, aunque no siempre lo hago. Es decir, mis libros son casi todos para un público infantil. Tú a un niño no le puedes hablar de cuestiones demasiado abstractas o con un vocabulario demasiado poético, porque no te entenderá o se aburrirá leyendo. Sin embargo, creo que por eso he madurado un poco como escritora, porque en ocasiones te sale ser más poética o más filosófica, cosa que te hace cambiar de registro y de actitud. Por lo general, cuando se da el caso de que los lectores sean niños, sí que pienso si lo van a entender o no y, en ese sentido, le hago la tarea más fácil al lector. Pero un escritor nunca sabe cómo y qué va a escribir en cada momento de su vida.

9. Cómo te defines a ti misma como autora (estilo, inquietudes, horizonte-proyectos...).
Soy una escritora ambigua pero sigo una línea. Me explico. Siempre trato de denunciar hechos, situaciones o de hacer que el lector abra los ojos y diga "Vaya, pues no está el mundo tan bien como yo creía". Sin embargo, lo mismo escribo una escena simpática o graciosa, como en "Los Wonwings", que te sitúo ante una chica que se arrepiente de haber estado tanto tiempo mirándose el ombligo y que, ahora, no encuentra una salida, como es el caso de "Porque eres mi amiga". Describo situaciones simpáticas pero con ese toque sensible que te diga "¡Oye! Que no todo es de color de rosa". Respecto a los horizontes, se van viendo poco a poco. Yo he comenzado en este mundo literario siendo muy joven (tenía 13 años cuando me publicaron mi primer libro), por eso en mis obras se ve el estado de madurez que en cada momento he tenido y tengo. Espero seguir esa escala ascendiente de la madurez literaria. Sin embargo, no quiero dejar de escribir para niños o jóvenes. Los nuevos proyectos, que están cuajándose despacio, van enfocados a chicos y chicas de entre 8 y 14 años aproximadamente. Poco a poco me he ido enfocando hacia un público más joven. Pero, lo cierto es que la novela infantil me está gustando mucho escribirla, porque significa volver atrás, a esa inocencia que todo lo ve más bonito, sólo que ahora desde otra perspectiva. Aunque, como he dicho antes, un escritor nunca sabe las ideas que va a tener mañana o cuál será su mejor obra.

10. Ante el bloqueo creativo (durante la construcción de una obra, o antes de comenzarla, o recién terminada), ¿qué soluciones adoptas?
El bloqueo es lo peor que te puede pasar. Hay veces que no me apetece escribir porque no tengo ninguna idea en ese momento y aún así me he dicho: "Venga unas cuantas páginas y lo dejas". Pero ha sido inútil, lo único que he conseguido ha sido ponerme nerviosa al ver que soy incapaz de escribir cuando me lo impongo. Mi imaginación es muy caprichosa y, si no le apetece escribir, hará todo lo posible para que yo me tire de los pelos. Las soluciones aún no las he encontrado. Hay quien se hace esquemas o una lluvia de palabras para, a partir de ahí, extraer un tema. Pero a mí eso no me funciona. Una vez me pidió la Fundación Alicante Acoge que escribiera un cuento sobre la emigración para incluirlo en uno de sus libros, y estuve toda la tarde frente a un papel en blanco sin saber siquiera cómo empezar. Menos mal que luego la imaginación cede y, en el momento en que menos sospechas, se te ocurre una historia. A mí se me han llegado a ocurrir en plena clase del instituto o en el cine. Pero, como he dicho, no puedo adoptar ninguna solución porque, si a mi inspiración no le apetece que escriba, me veo obligada a dejarlo para otro día.

11. Pregunta abierta: incluye aquí si quieres aquello que desees aportar según tus experiencias y que no queda recogido en las cuestiones anteriores.
Únicamente animar a la gente que comienza a escribir o que lo hace en privado, es decir, sólo para ellos. Mucha gente intentará hundirte, que pienses que realmente no vales para eso quitándole importancia a lo que haces, pero, en muchas ocasiones, no es así. La frustración literaria es un gran problema que cada vez aumenta más. En mis presentaciones he recibido el apoyo de mucha gente pero, por ejemplo, casi nunca de profesores que me conocían directamente. Y digo "casi nunca" porque sí los ha habido que me han apoyado. Por lo general la gente no se interesará por ti, a no ser que escribas un libro que tu editor esté dispuesto a promocionarlo y machacarlo masivamente, hasta que el último habitante de la Tierra lo tenga en su casa. El mundo literario es difícil y pesado, pero al final te recompensará. Estas sagas que hacen enloquecer a la gente, tarde o temprano, la gente las olvidará, es decir, nadie se va a acordar dentro de diez años de qué trataban. Sin embargo si tú llevas tu propio camino, trabajando y esforzándote por sacar cosas nuevas en silencio, la gente un día te descubrirá y, aunque no sea masivamente, tendrás tu reconocimiento. Lo importante es no darse por vencido. La gente, tarde o temprano, te escuchará.